sábado, febrero 17, 2007

Amigo era su nombre.

Lo encontré un día de primavera hace ya muchos años, saliendo de lo que pude pensar era una gran fábrica de muebles, yo vestía aún los colores azules del colegio, me encontraba en los últimos años.
Él lucía bastante delgado y su mirada era muy triste, lleno de cicatrices recientes y tambien algunas ya maduradas por la edad y el sol inclemente, corría sin parar por las calles, a pesar de su contextura se le veía fuerte, se acerco en el desenfreno de las correteadera y casi choca contra mí, por un momento me sorprendió y me acerqué a mirarlo más de cerca, fijo sus ojos de miel en los míos y supe que se iría a casa conmigo.
Así fue mi hermana q salía también del cole, lo vió y él nos siguió, no vivíamos muy lejos, escabulléndonos de las miradas acusetas de los vecinos lo llevamos detrás de la casa, y con mucho cuidado nos acercamos, se le veía nervioso por el contacto, yo diría q no estaba acostumbrado a sentir una mano tibia sobre su cabeza, fue un instante y el desapareció cómo vino, corriendo; no intentamos detenerlo pues no deseábamos agobiarlo, el regresará me dije, solo, cuando lo desee.

Y ocurrió otra tarde luego del colegio, esta vez se acerco ligeramente más familiarizado, pero aún con miedo, nos acompañó y bebió del agua que le dimos, comió un poco y esta vez permaneció un rato más en el patio trasero de casa.
Al oir a mi padre q llegaba del trabajo para almorzar salío disparado, no se cruzaron pero fue por muy poco.
Mi hermana me miraba y yo sabía que era cómplice de la aventura.

Él se volvió visitante asiduo de la casa luego que mi padre regresaba al trabajo, tan inteligente , calculaba la hora y volvía para vernos, jugábamos un buen rato, le encantaba correr y al emocionarse ladraba.

Un día no regresó, pasaron un par de días y volvió escuálido, con una gran herida en la oreja, la tenía partida en dos de la punta hacia el centro y sangraba profusamente, no quería dejarse tocar, entendía el dolor que sufría, supuse que fue otro cómo el, detrás de un plato de comida, el instinto no se puede evitar, saqué mis utencilios, por que desde siempre que recuerdo me gustaba la veterinaria, y tenía muchas cosas en mi cuarto, teníamos dos pequeñitas y dos más grandes en casa, así que sabía lo que hacía.
Luego de dejarse a duras pensas curar, y con la oreja morada de la violeta de genciana, huyó a toda prisa. Volvió días después con la oreja cicatrizada y de mejor humor, lo esperábamos con un gran plato de comida por el cual pregunto mi padre, le respondí con un murmullo gutural, en el momento que me encerraba en el baño, se lo diría en algún momento, puesto que no pensaba dejarlo más tiempo vagar por ahí.

Nos acompañaba a todos los lugares con muy buen humor, hiciera frío o calor, no podíamos separarnos, sabíamos que cuando salieramos más lejos no lo podríamos llevar, así que a veces optábamos por dejarlo en casa, le explicábamos a mi papá que de lo contrario nos seguiría y no estaba bién que corriera detrás del carro, mi papá comprendió sin mayor explicación que lo queríamos y aunque decía continuamente que lo botaría de casa, sabíamos que no lo haría, el no podría hacerlo jamás.
Pasó un año, llegaron las vacaciones y decidmos bañarlo, por que la primera vez que lo intentamos al solo contacto del agua fría se hizo humo entre mis dedos, y aparecío metros más allá lejos del alcance de la manguera, desapareció varios días, pero incorregible cómo siempre regresó, decidí hacerlo en otra ocación, y el famosos día llego, preparé todo, antes que llegara: la toalla, el shampoo, el peine y la manguera camuflada detrás de una silla, nos vío sin hacer mayor alboroto, como si intuyera lo que estaba por pasar; y cogido por el centro de su cuerpo fue arrastrado a la limpieza, a la espuma abundante, a los chorros de agua y no lo sentí con muchas ganas de huir, intentámos que fuera rápido y eficáz, la toalla quitó el exceso de agua y lo soltamos.
Se volvió loco, supe en ese instante que ya tenía mi corazón, corría cómo desaforado con una alegría que sería difícil de describir con palabras, estaba completamente feliz, sus ojos luminosos podrían opacar al perro mejor acicalado del mundo, él disfruto de su baño de espuma, nos respondía siempre de la misma manera a las caricias, con una paz que se podía tocar con los dedos, pero aún se le notaba en la mirada ese aire de tristeza lejana, por quienes no lo quisieron, que fueron muchos.

Vivía con una familia que nunca le hizo caso, no supieron ver más allá de los ladridos y el movimiento compulsivo de su cola, y al mudarse con su fábrica de lejía, lo dejaron a los nuevos dueños, sin avisarles, ellos vieron una boca que alimentar, a pesar que les iba bién en el negocio, nunca hicieron nada por él, y lo dejaron a su suerte, fue por esos días que se encontró con nosotras, y todo cambió.

Una semana luego del fallecimiento de una de sus mejores amigas y nuestra también, Tisha, que fue atropellada por un carro al soltarse y cruzar la carretera, misteriosamente comenzó a apagarse.
Lentamente su alegría se transformó en un dolor invisible para los demás, sus ánimos y el amor profundo a las correteaderas se acabó, llamamos a un veterinario, quién al terminar de examinarlo concluyó que había sido envenenado con vidrios molidos, le sorprendió la entereza con la cual soportaba el dolor agudo que estos cortes le producían en su estómago y en los intestinos, parecía una escena irreal, nada puede hacerse sentenció, lo que queda es hacerlo dormir, así lo hicimos con el dolor inmenso de nuestros corazones, pero preferíamos devolverle un poquito de paz, luego de toda la que él ya nos había entregado sin pedir nada, se fue lentamente esfumando cómo la primera vez que intentamos bañarlo hasta hacerse una nube de colores, su mirada de miel perdida entre los critales, retornó y por un instante creí verlo sonreir.

8 comentarios:

Peregrino dijo...

Como siempre la alegrìa y la tristeza van de la mano, aquello que nos da la alegrìa es lo mismo que causa nuestra tristeza y vice versa, nada es lo que es.

Tuve dos perros y nunca imaginè las tristeza que me causo perderlos, cada uno en su momento.

Nos leemos.

Bohemia dijo...

Nuestras mascotas son parte de nuestras familias, las vemos crecer, día a días nos llenan de amor y cuando los perdemos su ausencia marca tanto...

Un abrazo de los gordos

Cinder dijo...

gracias!

Amada Inmortal dijo...

holis, pasé a saludar... las mascotas som parte de nuestro corazón... son pequeñas porciones de cariño incondicional... besos

Pao dijo...

Que tal historia para emotiva, y dificil no sentirse involucrado. Porque quien alguna vez a tratado de ayudar a un perro necesitado.

Hasta donde puede llegar la gente con tal de joder, joder. Porque lo que le hicieron al perro es una barbaridad de gente insensible. Pero hay de todo en este mundo asi que no me sorprende en demasia.

Al menos se brindaron reciprocamente buenos momentos, lindos recuerdos y esta historia que has compartido.

Muchos saludos.

Pao
Amigo de los animales

digler dijo...

que tierna historia. el amor a los animales es un sentimiento mutuo querida cinder

Cinder dijo...

:)

Dinorider d'Andoandor dijo...

muy tierna

los animales puedes inspirar historias reales muy bonitas